5noviembre

VI CENTENARIO DEL CONCILIO DE CONSTANZA

Seminario Internacional Interdisciplinar

Sala Duque de Calabria de la Universidad de Valencia

 

 

 

Jornada interdisciplinar en la que participan:

 

 

Dr. Francisco Gimeno (UV)

Dr. Albert Toldrà (UV)

Dra. Karin Stober (Badisches Landesmuseum, Karlsruhe)

Dra. Maricarmen Gómez Muntané (UAB)

Dr. Carles Magraner (Capella de Ministrers)
Dr. Thierry Lalot (Universidad de la Sorbona, París)

 

TIMETE DEVM

EL APOCALIPSISIS EN LA EDAD MEDIA

 

SE AVISA QUE LA ACTIVIDAD SE HA SUSPENDIDO POR CAUSAS AJENAS A LA ORGANIZACIÓ

 

Para terminar con el Gran Cisma de Occidente -que había provocado la paradójica situación de tres papas simultáneos que se disputaban la primacía- y estudiar la reforma de la Iglesia Católica, se inició en 1414 el Concilio de Constanza. En este histórico hecho tuvieron un decisivo papel tres personajes vinculados a nuestra historia: el Papa Luna (Benedicto XIII), San Vicente Ferrer y Fernando I de Antequera, rey de la Corona de Aragón. Sus decisiones fueron determinantes para el futuro de Europa y para el destino de los tres. Así, un 18 de julio 1414 se reunían en Morella el antipapa Benedicto XIII, huido de Aviñón, el Santo valenciano y el rey Fernando I de Antequera (padre de Alfonso el Magnánimo); sus parlamentos duraron cuarenta días sin ningún resultado. Poco después, el rey Fernando y San Vicente Ferrer, en un sermón en Perpiñán, decidieron apartarse de la obediencia del papa aragonés, que quedó aislado en Peñíscola hasta su muerte.

 

Tomando como punto de partida la conmemoración del 600 aniversario de este hecho histórico, se desarrollará el Seminario Interdisciplinar Timete Deum, dedicado a las relaciones entre estos personajes que tan decisivos fueron en el devenir de la Edad Media occidental.

 

 

De la Edad Media se conserva un importante número de composiciones de tema escatológico. Las más llamativas, por su entronque con el pasado clásico, son los planctus, que lloran la desaparición de un personaje relevante de la sociedad civil o de la eclesiástica, a no ser que se trate del planctus de María Magdalena, vinculado al Drama litúrgico, o que su temática sea alegórica, como en el caso del ‘Lamento del cisne’ (‘Planctus cigni’). Si los lamentos más antiguos iban en latín, sin que la costumbre pasase de moda hasta bien entrado el siglo XIV –Mentem meam ledit dolor, escrito con motivo del óbito del conde de Barcelona Ramón Berenguer IV (†1162), y Sol eclypsim patitur, en memoria de Fernando III el Santo (†1252), son buenos ejemplos–, con el desarrollo del movimiento trovadoresco también se empezaron a escribir en occitano. Es célebre, entre otros, el sentido planh en el que Guiraut Riquier llora la muerte de su protector, el vizconde Almaric IV de Narbona (†1270), Ples de tristor. Tampoco faltaron en el Medioevo las composiciones relacionadas con el ritual funerario. Resulta significativo el hecho de que la mayoría de las escasísimas piezas sonoramente recuperables de la antigua liturgia hispana pertenezcan al Oficio de difuntos. Pero de lo que no cabe duda es que la más célebre de todas las composiciones medievales de tema escatológico es el Dies Irae de Tomás de Celano, cuya melodía no tardaría en convertirse en el símbolo sonoro de la Muerte en la cultura occidental. No fue la única, porque en tiempos tuvo que competir con otras melodías como la del Audi tellus o aquellas que catalizan en torno a la Danza de la Muerte, pero sí que fue la que se impuso por su estrecha vinculación a la Misa de Réquiem, cuya estructura se fijó en el siglo XIV. Un variadísimo repertorio de temática macabra constituido por lamentos, danzas de la muerte, responsorios y otras formas de expresión poético-musical como antífonas y tropos, no son sino reflejo de las preguntas que el ser humano se ha hecho siempre sobre el más allá, sobre el sentido de la vida y de la muerte tras la que se abre un hueco de temor o de esperanza. Un vacío que constituye un terreno fértil para el pensamiento y las artes, y que es el eje en torno al cual gira cualquier religión. Un vacío sobre el que construyeron siempre su discurso los predicadores, con argumentos que resume a las mil maravillas para los creyentes una de las frases favoritas de San Vicente Ferrer, que la tomó del Apocalipsis: “Temed a Dios y honradlo, porque se acerca la hora del Juicio” [14:7]. (C) Maricarmen Gómez